Plena madrugada y seguíamos mirándonos, los ojos se me secaban y los tuyos siempre estaban húmedos. Mi chaqueta lentamente se mojaba por el sereno metálico que se dejaba caer y la temperatura bajaba ignorando el calor que alguna vez existió. Ausencia de sonidos pero una impotencia que ensordecía.
29-02-2008
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