domingo, 2 de enero de 2011

Deshora

El insomnio era su única compañía,
deambulaba de una historia en otra.
Su cuerpo aun activo alejado del letargo,
la mirada fija en el techo,
la mirada perdida, borrosa.
La oscuridad invadida por un pequeño as de luz.
Los crujidos y la gotera le daban vida al lugar
y la mirada seguía clavada en el techo.
El vertiginoso reloj a su lado,
el simple indicador de hora en hora.
La noche era corta, ya amanecía.
Intentando inducir el sueño se daba vueltas sobre el colchón.
El canto de las aves lo resigno.

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