Ni la piedra del edificio, ni el asfalto hirviendo de la calle podrá evitar que camine por la ciudad. Puedo deslizarme aun por las ventanas, esquivar a los autos y mirar al gorrión quitándole el pan a las palomas. Los treinta y cinco grados de calor son aplacados por la sombra de un árbol, y la banca verde bajo el, es la delicia del caminante.
03-02-2009
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